Esta porción de la Palabra de Dios es la carta a los Colosenses escrita por el apóstol Pablo a una iglesia que se había establecido en Colosas durante uno de sus viajes misioneros. Pablo escribe esta carta desde la carcel en Roma y la escribe para animar a la iglesia en colosas, a los Colosenses a permanecer fieles y firmes en el Señor. 

Pablo está escribiendo a Cristianos. Estos hermanos no eran nuevos convertidos. Trata asuntos doctrinales y enseña teología para personas que tenían conocimiento de las cosas de Dios. 

En el capítulo 1, Pablo ora para que “sean llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual,  dice el v 10: “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; 11 fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; 12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz. 

Pablo no está hablado a Cristianos recién salvos. 

Les recuerda (1:21-22) “que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, [pero que] ahora os ha reconciliado 22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él”

De nuevo, estos son Cristianos que tienen algunos años en la vida Cristiana. 

Les llama la atención al hecho de que (2:13) “estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,” que fueron bautizados y que ahora andan en vida nueva. 

Les advierte de la doctrina de los judaizasteis diciendo (2:16) “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”

Les aclara asuntos de práctica y carnalidad (cosas que el dice que ya saben, pero que solo les recuerda). 

Y en el capítulo tres llegamos a la porción de la carta que trata con la nueva vida en Cristo. Trata con pecados específicos como fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas y mentiras. 

Les exhorta a vestirse del nuevo hombre, como escogidos de Dios; que se soporten los unos a los otros y que se perdonen los unos a los otros y los últimos versículos del capillo tres vemos la conclusión de la carta antes de entrar a la salutación final del capitulo 4. 

La conclusión se dirige a 6 grupos de personas (1) Casadas, (2) maridos, (3) hijos, (4) padres, (5) siervos y (6) amos. Y la conclusión de toda la carta es: “tener el trato correcto entre personas”. 

De nuevo, el Espíritu Santo inspiró a Pablo a escribir esta carta a Cristianos que se supone que han alcanzado cierta madurez en Cristo. Son personas que tienen conocimiento, que no requieren que se les enseñe las cosas desde el principio sino que solamente se les recuerda de algunas cosas. Pablo no trata con doctrinas nuevas en esta carta, simplemente recalca algunas cosas que ellos ya tienen bien presente. 

Y la conclusión a esta carta no es alguna revelación nueva. No es algo novedoso. No es un tema impactante. Es un mensaje simple, sencillo, fácil de entender pero de suma importancia: ¿Cómo te llevas con otras personas? 

Habla a las casadas – que se sujeten a sus maridos. 

Habla a los maridos – que amen a sus mujeres. 

Habla a los hijos – que obedezcan a sus padres. 

Habla a los padres – que no frustren a sus hijos. 

Habla a los empleados – que sean honrados en su trabajo. 

Y habla a los amos – que sean justos con sus empleados. 

Es un tema muy simple, pero a la vez muy importante. ¿Cómo te llevas con otras personas? 

De vez en cuando, así como lo hizo el Apóstol Pablo con una iglesia llena de Cristianos maduros, un pastor necesita recordarle a su iglesia cómo tratar a los demás. 

Pablo hace una declaración – obviamente, inspirada por el mismo Espíritu Santo: dice, v. 25 “Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.” En otras palabras, de acuerdo a la manera que tratas a otros, otros te tratarán a ti. Ahora, mantenga esa declaración presente porque en unos minutos vamos a regresar a ese pensamiento. 

¿Cómo debemos de tratar a otros? Pablo deja mu pocas preguntas sin contestarse en estos versículos. Las casadas, los maridos, los hijos, los padres, los siervos y los amos deberían de poder leer esto y saber lo que se espera de ellos. Gracias a Dios que su mensaje es simple. 

Pero como Cristianos, ¿cómo debemos de tratar a los que nos rodean? 

A veces es triste ver cómo dos Cristianos se pueden tratar. A veces uno se pregunta si serán salvos. Es algo desafortunado ver cómo dos pecadores salvos por la misma sangre de Cristo, que han alcanzado el mismo perdón, la misma misericordia y la misma gracia, se agarren como perros callejeros. 

Ahora, Pablo sabía a quienes estaba hablando. Conocía a esta gente en Colosas. Sabia que tenían noción de las cosas de Dios y de la vida Cristiana, pero también sabia que no se estaba tratando como los Cristianos deberían de tratarse. 

Da la impresión de que entre mas “madurez” (entre comillas) un Cristiano alcanza, peor trata a los que le rodean. Dije “madurez” entre comillas, porque probablemente no es la mejor palabra. Probablemente debería de usar la palabra “vejez”. Entre más “vejez” un Cristiano alcanza, peor trata a los que le rodean. 

¿Por qué sucede esto? 

Primero, por un espíritu de superioridad. “Yo tengo años en esto y nadie ma va a enseñar algo diferente.” Eso es fariseísmo. Es una noción de logro que realmente no existe. Hermano, tu NO sabes todo. Tu NO lo haz alcanzado todo. Te falta MUCHO que aprender. Y nunca llegarás a un nivel mas ALTO que otro pecador salvo por la gracia de Cristo. 

Es altivez es anti-Cristo. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Segundo, un Cristiano maltrata a otros por amargura. Una persona amarga trata amargamente a los demás. Por eso la Palabra de Dios nos dice que debemos de quitar toda raiz de amargura. La amargura no se manifiesta de inmediato. Comienza con una semillita. 

Alguien te maltrató a ti. Alguien no te tomó en cuenta. Alguien no te dio el lugar que pensabas que te merecías. No te aplaudieron cuando reportaste 50 almas salvas. No te dieron un reconocimiento por dar tanto a la obra misionera. No te ganaste el premio de mejor actitud cristiana en la graduación. 

Te guardas esos sentimiento heridos y esa semilla empieza a formar raizes. Y tarde o temprano esa raiz de amargura brota y la las yerbas empiezan a invadir la higuera y la ahorcan y deja de dar fruto y deja de dar sombra y deja de ser de bendición y llega a ser piedra de tropiezo. ¿Por qué? Porque en algún momento no se sacó la raíz de la amargura. 

En tercer lugar, los Cristianos tratan mal a otras personas porque hacen la obra de Dios en la carne. 

Mi carne es injusta. Por eso cuando se nos manda a tomar la armadura de Dios, se nos dice que vistamos la coraza de justicia. La carne es injusta. 

Un Cristiano carnal tratará a otros como una persona carnal trata a otros. No te sorprendas cuando un Cristiano viejo (por no decir maduro) trata injustamente a otra persona. Simplemente está revelando que tiene el mismo problema que tú tienes y que yo tengo – es carnal. 

La carnalidad se puede disfrazar con corbata. Se le puede cortar el pelo. Se puede bañar y maquillar, pero la carnalidad siempre se manifestará. 

La carne puede cantar un especial. La carne puede preparar una lección de Escuela Dominical. La cane puede traer niños a la iglesia en la ruta, pero tarde o temprano se manifestará. Y normalmente se manifiesta en tratar injustamente a otra persona. 

Déjeme nadadas decir esto aquí. Yo quiero que la Iglesia Bautista Monte Hebrón, y sus ministerios, sea conocida por una cosa.  

No tenemos las mejores instalaciones. No tenemos las comodidades más modernas. No tensemos los vehículos más nuevos. Pero sí podemos ser conocidos por una cosa – tratar bien a la gente. 

Pablo toma tiempo para escribir esta carta a una iglesia que conocía muchas cosas. Tenían buena doctrina. Estaban centrados en cuestión de su fe. Eran salvos, bautizados y tenían tiempo haciendo las cosas bien. Pero toma tiempo para concluir esto – son Cristianos, ¡trátense como Cristianos! 

Regresando a los vv 5,8-9 “fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia… 8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas… 9 No mintáis los unos a los otros,”

Todo esto tiene que ver con el trato entre personas. 

Mire vv12-14 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;  13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

Todo esto tiene que ver con el trato entre personas. 

Pablo está preocupado por la manera en que los miembros de la iglesia en Colosas se están tratando los unos a los otros. Y en capitulo 4 también menciona su trato hacia los de afuera. ¿Por qué? Porque Pablo sabe que aunque una iglesia puede llegar a un punto de madurez, puede desarrollar buena doctrina y estar firme en sus estándares y constante en su práctica, también puede llegar a ser una iglesia fria, indiferente y hasta dañina a otras personas. 

Gracias a Dios, no creo eso de la Iglesia Bautista Monte Hebrón. Sin embargo, como pastor, no me confío. Por eso tomo tiempo para decir esto – somos Cristianos ¡Tratémonos como Cristianos! 

Seamos compasivos. Seamos misericordiosos. Seamos considerados. Seamos atentos. Seamos respetuosos. Seamos amorosos. Samos afectuosos. Seamos blandos. Seamos apacibles. Seamos templados. Seamos suaves. Seamos como Cristo. 

¿Recuerda el v 25? “Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.”

Este es el título del mensaje: “El que Hace Injusticia, Recibirá la Injusticia”. Hermano, maltrate a la gente. Sea áspero y bruto con otros. Sea exigente. Imponga sus opiniones y ideas. Sea injusto. Tarde o temprano Usted recibirá la injusticia. 

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” 

Por madura que sea una iglesia. Por solida que sea su doctrina. Por estrictos que sean sus estándares. Por firmes que sean sus convicciones. Si maltrata a la gente, no será una iglesia por mucho tiempo. Tarde o temprano, vendrá injusticia al que hace injusticia. 

Casada, Usted no gozará su matrimonio por mucho tiempo si hace injusticia. 

Marido, “””

Hijos, Ustedes no gozaran…”””

Padre, Usted no gozará a sus hijos…”””

Empleado, Usted no gozara su empleo….”””

Patrones, Ustedes no tendrán empleados por mucho tiempo…”””

Y una Iglesia que no cuida a la gente – que no ama a la gente – no será una iglesia por mucho tiempo. 

El supremo deseo de un pastor para su iglesia no es que crezca a grandes números. No es que sea famosa. No es que pueda apoyarle económicamente. Es que se amen los unos a los otros. 

Por eso Pablo escribió esta carta. Pablo quería que esta gente se amaran los unos a los otros y que el amor de Cristo se manifestara en sus vidas. 

A lo mejor, no tenemos las mejores instalaciones. A lo mejor no tenemos comodidades modernas. A los mejor no tenemos vehículos nuevos, pero podemos ser reconocidos como una iglesia que ama a la gente. Y si logramos eso, todo lo demás es secundario. 

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